Nueva reseña de Javier Sánchez Blasco para Viñetario:


¿El mundo gay es frívolo? También lo es la prensa deportiva ¿Promiscuo? No mucho más que el hetero ¿La música que escuchan es blandita, casual, de consumo rápido? También la de muchos grupos de ‘malotes’. Asumiendo con elegancia y con un agradable toque juguetón estos clichés, ‘Marica tú’, de Julián Almazán y Alfonso Casas (Ediciones Glénat) aborda uno de tabús menos conocidos y explotados en el cómic nacional cuando se trata de analizar las relaciones entre personas del mismo sexo: la incomunicación, unida al deseo reprimido que, paradójicamente, no es sexual, sino puramente sentimental.

El lector encuentra así con Julián, protagonista y alter-ego del propio guionista del volumen, buscando una nueva pareja –con mayor o menor fortuna- en páginas web de contactos. A cambio obtiene cenas, algún paseo romántico, una sesión de sofá y DVDs, y también sexo, mientras el amor permanece disfrazado de duda, de incógnita, de ‘tenemos que hablar’ por ambas partes. Y es que puede ser que los avatares reales sean los que aparecen en la historia –incluido el protagonista- la persona compleja y contradictoria que se esconde tras un perfil del ‘bakala’ o de ‘gayromeo’ y no unos muñecos azules y de conducta primitiva.

Quizá por todo ello Julián prefiere que le llamen ‘marica’ antes que ‘gay’, “más castiza”, asegura el propio personaje. Y lo es: más española, más de poema lorquiano, más de copla, más de sufrir y de llorar por las esquinas a causa del amor que no se corresponde, se marchita o simplemente, no llega. Los autores optan de esta forma por un estética y una ambientación más cercanos a ‘Cachorro’ el filme de Miguel Albadalejo y totalmente opuesto al mundo de sexos hiperdesarrollados y situaciones de porno ‘gonzo’ de la mayoría de los autores nacionales desde el momento en el que deciden que dos tíos se den un beso en una viñeta.

El trazo se hace así sencillo, que no simple; los ojos, las miradas, a pesar de expresarse con simples puntos, mueven a la ternura, al abrazo mental a los personajes. Se echa en falta, no obstante, el uso del color del primer capítulo a lo largo del resto de la obra, que se desarrolla en blanco y negro, quizá por ser el resto de páginas más duras, más alejadas de felicidad inicial del protagonista. Antológica es, por otra parte, la escena en la que Julián y Carlos, su novio al principio del cómic, miran de la mano y enamorados la fachada del Ikea. Visitar el Ikea así, en pareja, parece haberse convertido ya en un ritual postmoderno que antecede al compromiso.

Julián no está ni gordo ni delgado, se ha dejado barba y no se ha depilado el pecho. Le gusta la música de Kylie Minogue –y de la muy noventera factoría inglesa ‘Stock, Aitken & Waterman’- y la ropa que lleva podría haber salido de cualquier megatienda ‘lowcost’. Le gusta además el cine de terror popular, en especial la saga ‘Viernes 13’. El final que le espera en la última página pone también los pelos de punta y consigue resumir, en una sola frase, toda la esencia de la obra. ¿Marica tú? Sí, en ocasiones, es mejor que los maricas sean los demás.-

Javier Sánchez Blasco